VIAJES ETÍLICOS

CERVEZA ISLEÑA EN NUEVA YORK

Texto y fotos: Cindy Agustín

Es el mes de marzo en una Nueva York de 2017. En Time Square, el aire pega de frente a la cara; todos se cubren con sacos, guantes y bufanda. Es el ambiente neoyorquino que fluye junto con su gente tan diversa como lo es el mundo.

Es la primera vez que visito esta frenética ciudad y ya hay un tour programado a Staten Island. Viajo con un grupo de periodistas mexicanos quienes ya han pisado Nueva York; pero es la primera vez que visitarán este distrito que alberga edificios antiguos, como la casa de Alice Austen, una fotógrafa muy adelantada a su tiempo. Además de ser la primer mujer con carro en la isla, que dejó a los ciudadanos de esta Nueva York semi olvidada, un gran archivo fotográfico. Me recordó a Frida Kahlo, pues tiene imágenes muy curiosas con sus mascotas, entre los que resalta un mono de ojos saltones.

Aquí, donde han construido un centro cultural espectacular con un jardín japonés llamado The New York Chinese Scholar’s Garden; donde será construida una enorme rueda turística, el proyecto New York Wheel planeado y llevado a cabo por Richard Marin, hay una cervecería que abrió sus puertas en 2012: Flagship Brewery.

Flagship Brewery es una cervecería artesanal y fueron los pioneros en la Isla Staten. El maestro cervecero Patrick Morse de esta empresa realizó cerveza en Boston y también trabajó en Los Ángeles; desde que arrancó el proyecto en Flagship, el maestro cervecero ha estado mejorando fórmulas. Matthew McGinley, co fundador de Flagship Brewery, me confirmó que la compañía abrió en mayo de 2014 y entre sus socios se encuentra Jay Sykes quien se encarga de la operación. Ambos, nacieron en Staten Island y con este negocio han demostrado que portan con orgullo el sello isleño.

 

Las cervezas están producidas con agua que se produce en Nueva York. Matthew comenta que la primera producción realizada fue del estilo American Pale Ale, su etiqueta conserva el logo original de Flagship Brewing Co. en color naranja, distintivo tono que también se observa en la bandera de este distrito. Ahora, producen más seis estilos diferentes (Witbier, American Pale Ale, Vienna Lager, American Pale Wheat Ale, English Dark Mild Ale, Red Ale, Imperial IPA, Märzen) más las de temporada. La IPA tiene un color ambarino agradable, es de carácter frutal con presencia de lúpulo en nariz. Muy equilibrada.

La cervecería tiene muy buen gusto musical, se convive con gente que ha nacido y crecido en la olvidada Isla Staten; como dice el logo de la cervecería: “Unforgettable Beer Brewed in the Forgotten Borough”.

 

Flagship Brewery

Ubicación: 40 Minthorne St.

Staten Island, New York.

Para llegar aquí utiliza el Ferry, que realiza traslados gratuitos desde el puerto de Nueva York hasta el barrio de St. George. http://www.siferry.com

Más información: http://www.nycgo.com / http://www.flagshipbrewery.nyc

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VIAJES ETÍLICOS

VINOS ESPAÑOLES AMBIENTAN UN TREN DE LUJO

Texto y fotos: Cindy Agustín

Fue en 2016, la primera vez que pisé la Madre Patria. Soy parte de un grupo de personas, varios de la tercera edad, que han decidido marcar su peregrinaje hacia Santiago de Compostela en un tren de lujo llamado Al Andalus. El itinerario marca siete días saliendo de la Estación de Chamartín, en Madrid; haciendo escalas en El Escorial, Segovia, Astorga, León, Monforte de Lemos, Ourense, Pontevedra, A Coruña hasta llegar a Santiago de Compostela. Todos los desayunos se realizan a bordo del tren, la mayoría estacionado; sin embargo, hay desayunos y comidas que se realizan con el tren en marcha. Durante los siete días que duró el viaje, las comidas realizadas tanto en el tren como en los restaurantes se acompañaron de vino español, con la grata sorpresa, de ver en el menú diferentes Denominaciones de Origen conforme el tren iba avanzando hacia otros destinos.

PARTE I

 

PRIMER DÍA PARA MADRID

Todas la personas que conforman la tripulación se presenta con vino espumoso en mano. Sonrisas cálidas dan la bienvenida. El calor intenso de Madrid hace que el pantalón de mezclilla se pegue en mis piernas, mientras veo una pasarela de lindas madrileñas en shorts, con lentes obscuros. Aquí, sí se disfruta el verano; pero nosotros, turistas dejándonos guiar por la recomendaciones del Al Andalus, nos dirigimos a la Taberna La Bola ubicada en la Calle de la Bola, 5, en Madrid, a comer un cocido madrileño, ¿en verano? Sí, porque en este sitio desde 1870 realiza platillos tradicionales como los chipirones en su tinta, el jamón de bellota, los callos a la madrileña y la ensalada de judías blancas. Para acompañar nuestro cocido nos sirvieron un vino de la Rioja. Un lugar para inundar el paladar con tradición.

Lugares que se visitan: Catedral de la Almudena, San Francisco el Grande, el Palacio Real, El Escorial. Taberna La Bola.

Vino que acompañó el cocido madrileño: Marques de Riscal, añada 2011.

D.O. Ca: Rioja.

 

SEGUNDO DÍA. EL COCHINILLO DE SEGOVIA.

 

Después de desayunar en el tren jamón serrano, pan con aceite de oliva extra virgen, fruta de temporada y un café recién hecho, nos espera el camión turístico para visitar Segovia.

Lo primero que llama mi atención al llegar es el Acueducto de Segovia de la época romana (tuvo su primer re construcción en el siglo XV), allí las múltiples aves vuelan a su alrededor; me recuerda a la película “Los pájaros” de Alfred Hitchcock, pero no es momento para despertar el suspenso en mi mente. La ciudad es tan linda que ya tiene el nombramiento de Patrimonio de la Humanidad (desde 1985), hay que poner atención en la fachadas de los edificios que siempre tiene un destalle geométrico.

Después de una caminata libre, nos reunimos en el Mesón del Cándido (en frente de la Plaza del Azoguejo) para probar el Cochinillo de Segovia, sazonado con laurel en una cazuela de barro. El personaje principal en este restaurante es Alberto Cándido, un mesonero que hace el corte del cochinillo con el borde de un plato que finaliza rompiendo el objeto en el piso. Nunca olvidaré este momento, pues parte del filo del plato fue a dar a mi pie izquierdo, la sangre hizo un alboroto; y como no hubo desmayo, mi sonrisa delató un levantamiento de hombros junto a un puñado de disculpas por parte del propio Cándido… Así son los viajes, con detalles personales que nunca olvidas.

Lugares que se visitan: Ciudad de Segovia; El Escorial en Astorga.

Vino que acompañó el Cochinillo de Segovia: Pesquera, Crianza, añada 2013.

D.O.: Ribera del Duero.

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CERVEZA ARTESANAL EN RÍOVERDE

Texto y fotos: Cindy Agustín

Llegué a Ríoverde, San Luis Potosí como suelo hacerlo desde hace más de 10 años: con la idea de sumergirme en la Media Luna; comer unas gorditas hechas a mano en la Calle Hidalgo –muy cerquita de la Plaza de la Constitución-; y, esperar que mi destino coloque a los amigos que se han hecho de visitas esporádicas.

En esta ocasión la vibra entre ciudad y pueblo que se logra percibir en Ríoverde, no la quise sentir. Quería disfrutar de una hamaca, beber cerveza sin falsas poses y comer hasta el hartazgo.

Un gran amigo, que ha vivido temporalmente en Ríoverde, contactó a otro amigo –que aún vive y trabaja en esta ciudad- para que nos invitara a su casona rural. Son entre 15 y 20 minutos de traslado de la ciudad de Ríoverde al Ejido Progreso, en la misma localidad. El camino semi pavimentado y las cactáceas que son como acompañantes silenciosos, transforma a cualquier alma penosa y cansada… la re habilita.

Héctor Jordán, que dirige con su papá (el Sr. Héctor Gerardo Jordán) La Ceiba Casona Rural nos abrió las puertas de este hospedaje que ofrece desayunos, almuerzos y cenas de comida auténtica potosina. Para llegar aquí hay que reservar, pues a pesar de que La Casona es un paraje –para muchos- secreto; en un fin de semana cualquiera podrían estar hospedados extranjeros (suecos, franceses, italianos) y parejas de enamorados que llegan desde la capital potosina.

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Héctor es el anfitrión que todos quisiéramos tener. Cuando me mostró su cocina, botellas vacías con el logo de La Ceiba, suponían que el mezcal y el aguamiel han reposado plácidamente en este rincón construido en 1876. “También hago cerveza, pero con quién solía hacerla está en otros negocios; y tan solo pensar que la tengo que hacer solito me provoca tedio”. Héctor compra mezcales locales y realiza un tipo de maceración con hierbas; un digestivo que sus huéspedes llegan a degustar.

El tiempo transcurrió y mi mente esto construyó: “… Esa noche me enamoré como una niña y tuve una desilusión instantánea de lo que significaba amar…”.

¿Habrá sido ese digestivo que bebí? O la taquiza con asado de boda que me empaqué con varios músicos que llegaron del DF…

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Al día siguiente de vuelta a Ríoverde, una cita informal surgió en un restaurante. Se presentó a medio día con un kit de cervezas. “Me llamo Alberto Mondragón, soy cervecero aquí en Ríoverde y con esto trato de poner mi granito de arena para tener una mejor visión de las cosas que nos rodean”.

Alberto, que tiene una rostro serio; comenta que es abogado de profesión y actualmente cervecero por convicción. El rock clásico y los videojuegos le han inspirado a bautizar algunas de sus cervezas. Su producción es pequeña, llega a realizar 15 litros de cerveza por cada estilo: Alpha Wolf Blonde (Blonde Ale); R.P.A. Rioverde Pale Ale (American Pale Ale). Black Hawk Stout -; Herensuge (Porter). También está la cerveza Nativitas –cerveza de temporada-(Brown Ale con mandarina y jengibre).

Ésta es la primera vez que pruebo una cerveza artesanal rioverdense. Me concentro en la Rioverde Pale Ale que tiene un aspecto ambarino, una turbidez media a alta, con espuma aperlada y sedimentos. En boca, su amargor es medio, con fortaleza alcohólica media. Es equilibrada con un pos gusto medio a alto. Tiene la personalidad de un ríoverdense: “de tono fuerte que se combina con un carácter amable, conforme más los conoces”.

Con esa sensación mágica de que un tiempo se detiene en Ríoverde y sus alrededores, me voy con una sonrisa en los labios porque sé que la próxima vez que regrese, conoceré nuevos lugares y personas que hacen de una labor turística, cervecera o cultural un estilo propio de vida.

 

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La Ceiba Casona Rural

Calle Manuel José Othón No. 100, Ejido Progreso,

Río Verde, San Luis Potosí.

Facebook: La Ceiba Casona Rural

 

Dónde cenar en Ríoverde, S.L.P.

Facebook: Cena Rico Slp

  • Música en vivo; no hay venta de alcohol.

Facebook: Cervecería Mondragón

 

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REFLEXIONES DETRÁS DE LA COPA, VIAJES ETÍLICOS

DE VUELTA… LOS 100 VINOS MEXICANOS

DE VUELTA A LOS 100 VINOS MEXICANOS

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Texto y fotos: Cindy Agustín

El pasado 5 de marzo de 2016, asistí –acreditada como prensa- al Festival 100 Vinos Mexicanos; en el séptimo año que lo organiza Viñedos La Redonda. Es mi segunda vuelta, pues, estuve en la segunda edición (en 2012). Desde entonces se vislumbraba una propuesta interesante al congregar en Querétaro a varias bodegas mexicanas, e incluso proyectos de entusiastas del vino en nuestro país.

Visiblemente contento, el Ing. Claudio Bortoluz, director de Viñedos La Redonda, reiteró que estaban presentes más de 700 etiquetas y más de 70 bodegas de vino. “Sólo congregamos vino, no porque la cerveza no se pueda conjugar con esta bebida, pero queremos apoyar al Vino Mexicano”, comentó el Ing. durante la inauguración.

Hace cuatro años, durante mi primer asistencia, hubo una mayor oportunidad de platicar con los “hacedores de vino”, con los enólogos y los distribuidores. En esta ocasión, a partir de 12:00 horas, la afluencia de personas imposibilitó quitarles el tiempo a los productores, entre el servicio y la venta de botellas.

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MUCHACHADA HACIENDO VINO MEXICANO

Ese mismo día contacté a pocos productores que a penas van iniciando en esta labor. En particular a dos propuestas, muy diferentes, ambas provenientes de Baja California; nombrados por el Dr. Víctor Torres Alegre como “enotécnicos”, diferenciando a los expertos enólogos. Para mí estos nuevos jóvenes “que hacen vino”, se asemejan a DJ´s que hacen música sin necesidad de tocar un instrumento y que trabajan de forma independiente; y que cuando hay una buena técnica, surgen composiciones electrónicas excelentes hasta convertirse en grandes productores. Así se espera que pueden pasar con dos promesas con quienes platiqué.

El primero con quién hablé fue Roberto Sais (26 años), uno de los tres hermanos que han seguido con el “Legado Sais”, un proyecto vitivinícola que inició el Dr. Jesús Renato Sais (q.e.p.d) entre 2005 y 2006; se han ido consolidando paulatinamente. Roberto me comentó que es la tercera vez que asiste al evento 100 Vinos Mexicanos, y desde el primero han tenido aceptación por los clientes.

Legado Sais (vinícola ubicada en El Porvenir, en el Valle de Guadalupe) estuvo cobrando la degustación de sus vinos en $50 (y se degustaban tres diferentes añadas). Roberto le comentó a uno de los asistentes: “Estamos seguros que así pondrán más atención a los vinos que estamos haciendo, que son vinos con un carácter interesante”. Siendo una producción tan pequeña (entre 1000 y 2000 cajas) es válido generar esta estrategia; sin embargo, la mayoría de las personas están acostumbradas a probar gratuitamente (un pasaporte directo al consumo casi ilimitado de vino mexicano por un día, por una entrada de $400 pesos). Y cuando no hay degustación, pero sí la venta, las personas simplemente se van a stand más surtido (los que más producen).

A penas degusté el Cabernet Sauvignon (añada 2009) de Legado Sais, corroboré que tienen – en mi particular opinión- una personalidad definida (un vino con cuerpo y taninos equilibrados)… Pondría en la balanza un pago mínimo por un recuerdo significativo en el paladar…

El segundo productor a quien abordé fue a José Pedroza (31 años), de Bodegas Infinito, cuando le pregunté quién hacía el vino, con una gran sonrisa afirmó que él y un amigo químico, llamado Mario García… Comentó que todo inició en la tierra, porque los Pedroza son una familia de agricultores, “vendemos hortalizas –dijo”, y arrancaron el proyecto en 2008. Ahora también cultivan uvas (Cabernet Sauvignon, Malbec, Tempranillo, Nebbiolo, Grenache Blanc, Moscatel) en el Valle de Ojos Negros.

Durante la entrevista, Pepe no paró de servir el vino rosado pintado con Rubí Cabernet: Nebula Rosé (¿Por la nube interestelar o en honor a Nebula –comic de Marvel-? ¿Por su poder infinito?). Un vino que no tuvo venta directa al público, pero que definitivamente conmocionó a los jóvenes que buscan vinos frescos. Me quedó con Nebula (la supervillana) porque más bien el vino tocó fuerte como el guante infinito, por su delicado aroma y su presencia brillante…

Ambas vinícolas, están en búsqueda de un distribuidor de vinos en la Ciudad de México. La megalópolis donde todo se vende a muy buen precio.

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Entre los asistentes que han repetido visitas en este evento comentan que ojalá el espacio tenga mayor capacidad, en los subsecuentes festivales, pues es un éxito tanto en visitas (casi 10 mil personas entre el 5 y 6 de marzo), productores satisfechos, filas interminables en los baños, borrachera segura con vino (para quien no mide las consecuencias de no escupir las degustaciones –aunque te vean mal, tienes derecho a escupir-); compras con un ligero menor costo (quizás ahorres entre 10 y 50 pesos por botella); comida (productos lácteos, jamón serrano, sales gourmet), catas guiadas y un ambiente completamente familiar. Regreso a casa con escasas dos botellas, pero con la gran inquietud de comprar más Vino Mexicano.

Más información:

http://www.viñedoslaredonda.com/festivales

http://www.legadosais.com

https://www.facebook.com/vinicolainfinito/

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VIAJES ETÍLICOS

LOS VINOS DE UN ROCKERO LLAMADO MAYNARD

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Texto: Cindy Agustín

Foto: Pepe Treviño

Ahora que escucho a Perfect Circle, con la voz de Maynard sonando, me transporto a la calle 158 Main Street, en el pueblito minero de Jerome (en Arizona). Es la dirección del Tasting Room de Caduceus Cellars, una bodega de vinos liderada por Maynard James Keenan, un rockero convertido en un productor de vinos y promotor incansable de la región vitivinícola de Arizona.

En un tríptico se lee que Jerome es conocida como “The Ghost City”, una ciudad minera que se fundó en el año 1876, que alguna vez fue una de las cuatro ciudades más grandes del territorio de Arizona; explotada por los minerales que se obtenían del subsuelo. Ese viernes (16 de diciembre de 2013) la ciudad todavía huele a una historia relacionada con el oro, la plata y una actividad minera mermada por la crisis económica en 1930 y la Segunda Guerra Mundial. Pero, toda la magia tenebrosa que le envuelve, se conjuga con mucho vino.

A Jerome llegué por la búsqueda de los caldos que produce Maynard. Ese viernes bendito me recibió Brian Sullivan (el sommelier de la bodega). Y lo primero que hice en cuanto entré al tasting room fue probarlos:

1) Lei Li Nebbiolo Rose (añada 2012) 100% Nebbiolo. Viñedo (Bonita Springs, Graham County, AZ). En la ficha técnica comenta que huele como un “bouquet de rosas, un suave beso de agua salada con un atardecer con los dedos en el mar”. Me gusta esta descripción soñadora; personalmente, me pareció un vino con una intensidad aromática elevada, un vino muy perfumado; y en boca sigue perfumado, con presencia mineral, tiene notas frutales, cítricos, con un pos gusto medio.

La idea -de acuerdo a Caduceus Cellars- era hacer un vino que tuviese las características de los rosados que se elaboran en la Provenza (Francia), arriesgado para hacerlo con Nebbiolo, lo que también indica que Maynard, lo que quiere hacer son vinos novedosos.

2) Kitsuné (añada 2011), 100% Sangiovese. Viñedo (Arizona Stronghold Vineyard, Cochise County, AZ). Cajas: 211. Mi impresión ante este vino de un color rojo granate, con ribete teja es de una nariz con alta tendencia a la madera, un poco de tabaco, una acidez presente con taninos poco maduros. Que, por la edad, ya no mejorará.

La lista supera cinco degustaciones de vinos; y cuando llegué al vino Dos Ladrones, mis notas fueron más positivas:

3) Dos Ladrones (añada 2012), 50% Chardonnay, 50% Malvasía. Viñedo: Bonita Springs Vineyard, Graham County, AZ. Cajas: 420. De un color amarillo paja, transparente y brillante. Tiene una intensidad aromática media, perfume de flores, durazno y miel; en boca tiene un suave amargor, recuerdos de hoja de limón, con un alcohol medio y un pos gusto medio.

Aquí fue donde me di cuenta que en esta zona la uva malvasía está bien cultivada y genera vinos aromáticos que pueden ser mezclados con otras cepas. Pregunté por el vino insignia de la bodega que solo hace 90 y tantas cajas, Nagual del Judith, que por mi escaso presupuesto no pude comprar. Es un vino que cada año está compuesto por diferentes cepas (y deferentes porcentajes de mezcla); un vino que surgió por primera vez en 2009 y que no está como muestra en la sala de degustación… que le rinde honor a la medre de Maynard, Judith Marie.

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Las degustaciones que me ofrecieron quise realizarlas con la mayor objetividad posible. Por dentro, a pesar de mis descripciones fugaces de mi álter ego, que le gusta lo analítico; quería beber aún más vino hecho en Jerome y disfrutarlo sin descripciones.

No hay duda que Maynard James Keenan le inyectó fuerza a la cultura del vino, y aunque ya no hace cosas en conjunto con Eric Glomski (enólogo y fundador de Page Spring Cellars), ha sido “la persona que guió al pelotón”, así lo describió Pavle Milic (propietario del restaurante FnB en Scottsdale), para entender que su figura marcó una credibilidad en la producción de los vinos y sobre todo, prospectarlos en el mismo estado y en otras ciudades importantes de Estados Unidos.

Conocer los vinos de Maynard, me llevó a conocer Jerome, a hospedarme en el hotel Connor (construido en 1898, con sus historias de fantasmas y techos de madera); beber una cerveza en The Spirit Room Bar; y observar cómo viven algunos hippies de la década de los 60s en esta ciudad ubicada en la escénica Highway 89 A. Una ciudad donde Maynard se convierte también en un fantasma obsesionado por la tierra, las uvas y los vinos de la Arizona bohemia.

 

Nota: Te invito a leer esta nota escrita por Andrew Chalk para que te informes del tipo de suelo, cepas que se cultivan en el área de Verde Valley, Sonoita/Elgin, Willcox: http://palatepress.com/2015/02/wine/arizona-wine-just-facts/

Más información: https://caduceus.org /www.jeromechamber.com

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