VIAJES ETÍLICOS

VINOS ESPAÑOLES AMBIENTAN UN TREN DE LUJO

Texto y fotos: Cindy Agustín

Fue en 2016, la primera vez que pisé la Madre Patria. Soy parte de un grupo de personas, varios de la tercera edad, que han decidido marcar su peregrinaje hacia Santiago de Compostela en un tren de lujo llamado Al Andalus. El itinerario marca siete días saliendo de la Estación de Chamartín, en Madrid; haciendo escalas en El Escorial, Segovia, Astorga, León, Monforte de Lemos, Ourense, Pontevedra, A Coruña hasta llegar a Santiago de Compostela. Todos los desayunos se realizan a bordo del tren, la mayoría estacionado; sin embargo, hay desayunos y comidas que se realizan con el tren en marcha. Durante los siete días que duró el viaje, las comidas realizadas tanto en el tren como en los restaurantes se acompañaron de vino español, con la grata sorpresa, de ver en el menú diferentes Denominaciones de Origen conforme el tren iba avanzando hacia otros destinos.

PARTE I

 

PRIMER DÍA PARA MADRID

Todas la personas que conforman la tripulación se presenta con vino espumoso en mano. Sonrisas cálidas dan la bienvenida. El calor intenso de Madrid hace que el pantalón de mezclilla se pegue en mis piernas, mientras veo una pasarela de lindas madrileñas en shorts, con lentes obscuros. Aquí, sí se disfruta el verano; pero nosotros, turistas dejándonos guiar por la recomendaciones del Al Andalus, nos dirigimos a la Taberna La Bola ubicada en la Calle de la Bola, 5, en Madrid, a comer un cocido madrileño, ¿en verano? Sí, porque en este sitio desde 1870 realiza platillos tradicionales como los chipirones en su tinta, el jamón de bellota, los callos a la madrileña y la ensalada de judías blancas. Para acompañar nuestro cocido nos sirvieron un vino de la Rioja. Un lugar para inundar el paladar con tradición.

Lugares que se visitan: Catedral de la Almudena, San Francisco el Grande, el Palacio Real, El Escorial. Taberna La Bola.

Vino que acompañó el cocido madrileño: Marques de Riscal, añada 2011.

D.O. Ca: Rioja.

 

SEGUNDO DÍA. EL COCHINILLO DE SEGOVIA.

 

Después de desayunar en el tren jamón serrano, pan con aceite de oliva extra virgen, fruta de temporada y un café recién hecho, nos espera el camión turístico para visitar Segovia.

Lo primero que llama mi atención al llegar es el Acueducto de Segovia de la época romana (tuvo su primer re construcción en el siglo XV), allí las múltiples aves vuelan a su alrededor; me recuerda a la película “Los pájaros” de Alfred Hitchcock, pero no es momento para despertar el suspenso en mi mente. La ciudad es tan linda que ya tiene el nombramiento de Patrimonio de la Humanidad (desde 1985), hay que poner atención en la fachadas de los edificios que siempre tiene un destalle geométrico.

Después de una caminata libre, nos reunimos en el Mesón del Cándido (en frente de la Plaza del Azoguejo) para probar el Cochinillo de Segovia, sazonado con laurel en una cazuela de barro. El personaje principal en este restaurante es Alberto Cándido, un mesonero que hace el corte del cochinillo con el borde de un plato que finaliza rompiendo el objeto en el piso. Nunca olvidaré este momento, pues parte del filo del plato fue a dar a mi pie izquierdo, la sangre hizo un alboroto; y como no hubo desmayo, mi sonrisa delató un levantamiento de hombros junto a un puñado de disculpas por parte del propio Cándido… Así son los viajes, con detalles personales que nunca olvidas.

Lugares que se visitan: Ciudad de Segovia; El Escorial en Astorga.

Vino que acompañó el Cochinillo de Segovia: Pesquera, Crianza, añada 2013.

D.O.: Ribera del Duero.

Advertisements
Standard

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s